Nuestra experiencia en la salida. Cueva del Ave María:
Salimos de Madrid sobre la 08’15 de la mañana esperando a ver si alguien más se hubiese dormido o fuera valiente y se enfrentara con el frio. Salimos con una temperatura de Madrid de 1 grado sobre cero.
A la entrada del pueblo de Manzanares del Real teníamos una temperatura de -4 grados bajo cero. Esto no sería un obstáculo para nuestro nuevo reto. Somos 13 +1 ya que Linda (nuestra mascota) también cuenta.
Loli, Ester, David, Cristina, Enrique padre y Enrique hijo, Paco, Marivi, Adolfo, Juan (que le estuve llamando Jesús buena parte del camino), Gonzalo, Jorge y Fernando (yo mismo).
Llegamos al aparcamiento del Tranco (960m), sobre las 9’20 de la mañana con un frio importante e iniciamos el recorrido al lado derecho (dicen que es una escalinata) del merendero llamado Casa Julián. Y desembocamos en una zona rocosa, en donde empezamos a subir y nos empezamos a dar cuenta que nos están sobrando abrigos.
Loli empieza acordarse de mi (¡¡¡Fernandito, Fernandito!!!), seguimos las señales (franjas) blanca y amarillas. El camino continúa hacia la izquierda y luego a la derecha y empezamos a ganar altura. Ester empieza también a acordarse de mí, y sus gafas, como las mías, se empiezan a empañar y no vemos nada.
El sudor es bastante importante, pero nuestra querida Loli no para de hablar, ¡que tía! Que gusto es ir con ella, que humor tiene y con todo el mundo se lleva bien, un ejemplo a seguir.
Seguimos subiendo realizando diferentes zigzags por un terreno bastante erosionado, donde el camino serpentea entre rocas y jaras. La temperatura parece que ha subido o eso nos parece, seguro que será del esfuerzo que estamos realizando.
Al final de la fuerte pendiente llegamos a una pradera. Ala izquierda de la pradera y protegido por las rocas se encuentra un vivac (Pradera del Vivac 1170m).
Ya la gente se recupera del esfuerzo realizado en la subida y nuestra Loli empieza a cantar sus canciones de antes y el joven Enrique da unas patadas al balón.
Continuamos hacia el Este siguiendo una vereda hasta llegar a un arrollo y cogeremos las señales de la derecha, descendiendo por la Senda Maeso hacia el Sur, siguiendo siempre las marcas blancas y amarrillas. Alcanzamos un pequeño collado y llegamos al pie de unas rocas que las rodearemos por la izquierda. Poco después llegaremos al Risco del Ofertorio.
Algo más abajo nos encontramos hacia nuestra derecha unas curiosas rocas en forma de giba y al izquierda, casi escondido esta el Caracol, pequeño risco rocoso de cuya silueta ha tomado el nombre y en cuya cabezas han colocado unos hitos de piedra que forman las antenas.
Estamos llegando a nuestra meta. Tras realizar una amplia diagonal hacia la derecha llegaremos a unas zonas de praderas. Hacia la derecha vemos una tapia de piedras, la seguimos hacia nuestra derecha. Loli, Ester, Jorge, Adolfo y Gonzalo, se quedan esperando para ver si encontramos la cueva. Al rato los jóvenes David y Cristina la encuentran en un sitio un poco empinada.
Subimos, Enrique, Juan, Paco y yo y como no nuestra mascota Linda. La inspeccionamos por dentro y nos hacemos las fotos de rutina y Linda empieza a llorar, por lo cual nos salimos e invitamos a los que se quedaron fuera que suban. Lo hacen Jorge y Gonzalo.
Es hora de comer y Loli y Ester están muertas de frio, solo tenemos una temperatura de 0 grados, como se dice en el norte, ni frio ni calor.
Una vez terminado de comer empezamos el regreso al Tranco, no sin antes tener nuestra aventura, al tener que saltar por una casa en ruinas para poder salir a la carretera.
Tomamos un cafetito en casa Julia y para casa, que ya estamos cansados del día.
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